Mié. Feb 28th, 2024

Después de un noviazgo conflictivo, una amiga anuncia en el grupo de WhatsApp que se va a casar. Enseguida se abrió un chat paralelo con la noticia. Yo me equivoqué de grupo y en el que estaba la amiga en cuestión puse: «Hay que ser muy pelotuda para casarte con alguien que te complica la vida». En ese momento todavía no existía la opción eliminar mensajes.

Le pedí disculpas por privado, le expliqué que me preocupaba por ella, y es tan buena y dulce que no se ofendió.

 Vivimos en modo multitasking. Y en tiempos de hiperconectividad la comunicación se hace muy compleja. En los grupos de WhatsApp vemos todo lo difícil de la comunicación, todos los equívocos y vicios de los seres humanos.

Somos seres sensibles, y doy gracias por eso. Pero en estos tiempos de dopamina en exceso y satisfacción inmediata los niveles de hipersensibilidad han aumentado a extremos complejos de manejar.

Mica abandonó el grupo

Con esa noticia amanecieron las mujeres que forman parte del grupo de egresadas 2002.

¿Qué pasó con Mica? Atando cabos descubrieron el misterio. Mica se casa por segunda vez y el grupo estaba organizando un festejo sorpresa.

Sole se equivocó y lo que debía consultar en el chat paralelo bautizado «Mica se casa» lo preguntó en el general: «¿a qué hora nos reunimos?». Era una reunión por Zoom para organizar la despedida.

La novia leyó el mensaje de Sole y su mente (con la herida del rechazo fresca por historias no resueltas) sintió y decodificó : «Se reúnen sin mí, me dejan afuera. No me quieren. Me voy». Y apretó el botón de salir.

Sole se hizo cargo y llamó a Mica para explicarle lo que pasaba y por supuesto la fiesta sorpresa dejó de ser tal.




En los grupos de WhatsApp se ve lo más oscuro de cada cual y cada quien, dice Schujman. Foto Shutterstock.

Combate y fuga

¿Qué nos pasa a los seres humanos? ¿Por qué es que dejamos de tener esa posibilidad de sencillamente hablar de lo que nos pasa? Y preguntar, cotejar inferencias con realidad. Nos ahogamos en las aguas de nuestras propias fantasías y temores, sin preguntar ni gestionar los conflictos interpersonales. Hemos vuelto a épocas prehistóricas.

Hablo de combate y fuga como recursos privilegiados para los peligros que en el cotidiano se presentan.

El hombre de la antigüedad cuando sentía miedo, cuando se percibía amenazado activaba el reflejo de lucha y huida desde la primera capa del cerebro (cerebro reptiliano).

Las emociones y comportamientos más evolucionados se dan desde la segunda capa (cerebro límbico) y en ocasiones (cada vez menos a mi criterio y gusto) recurrimos al cerebro neocórtex que se desarrolló en último lugar en la evolución del hombre.

Qué poco uso de nuestras herramientas de frustración (manejo del conflicto) y gestión de las emociones hacemos a diario. Que fácil recurrimos a la huida o a la lucha (en términos de desentendernos del conflicto y liberarnos de nuestra parte de él). En los grupos de WhatsApp se ve lo más oscuro de cada cual y cada quien.

Todas las habilidades comunicacionales. los problemas, vicios y conflictos se disparan en ese universo complejo, sintomático, una especie de radiografía de estos tiempos.

Se juegan los egos, la verborragia digital, ansiedad virtual, la crueldad del ser humano, los equívocos, se juega lo peor de cada casa.

Te bloqueo, te silencio, me voy

La académica y escritora estadounidense Brené Brown habla en uno de sus videos del manejo de la culpa que hacemos los seres humanos como resguardo a nuestra vulnerabilidad. Cuando algo nos duele, rápidamente ponemos foco en encontrar un culpable como forma de desligarnos de lo que a nosotros nos toca en términos de introspección y responsabilidad.

En los grupos humanos, rápidamente nos ubicamos en el lugar de víctimas y lucha/huida. Es más sencillo eso que hacer un análisis más adulto de la situación.

En los grupos de WhatsApp en particular, la inmediatez que se facilita desde las herramientas tecnológicas nos permite tomar acciones y decisiones desde el impulso y lejos de las habilidades que podríamos usar para gestionar el padecimiento.

Bloqueamos/ silenciamos/nos vamos/ reportamos (aunque esta última herramienta no es tan frecuente). La inmediatez, los impulsos, la ansiedad son los comandantes de nuestras acciones.

Chats de «mamis y papis»

Uno de los inventos más complejos de la posmodernidad es «¿Alguien vio en buzo de Lauti en el club?» «Yo no». «No lo vi». «Me fijo cuando llevo a Bauti». «Pregunto en la entrada». «No lo vi» y 32 mensajes más.

 En el medio, el papá de Cami recuerda que mañana hay que pagar la cuota del viaje de egresados. 43 respuestas y preguntas más. «¿No se paga el adelanto el mes que viene?» «¿Ya vino el ajuste de cuota? Porque dijeron que congelaban. «¿Cuándo es la reunión?»

Y el buzo de Lauti que no aparece. Y la comunicación asertiva y saludable, menos.

Cientos de mensajes sin leer. Opción 1: silenciar el grupo y perderse de lo importante. Opción 2: meditación profunda y entender que así son las cosas.

La explicación en estos casos es que se pone en juego el principio de ansiedad y la necesidad de resolución inmediata de las situaciones. No leemos, no miramos, escribimos todos al mismo tiempo, la vida misma en un mismo espacio virtual.

Una docente universitaria le pedía a su grupo de alumnos: «Yo sé que son muy agradecidos, pero cada vez que les mando algún material no es necesario los 60 mensajes de ‘gracias profe'».

Similar al ejemplo del comienzo de la nota, se debatía en un grupo de familias de un colegio el destino del viaje de egresados: Cancún vs. Porto Seguro. Un grupo estudiantes sometidos a las luchas de egos de sus padres y madres.

El clima se había picado. «Que voten los chicos.» «Los chicos no deciden, nosotros somos los que pagamos.» «Hagamos una comisión mixta y asamblea.» «Que vaya el que quiera a donde quiera y se hagan dos viajes.» «Déjense de joder», puso alguien.

Hasta que otra vez, chat equivocado y la hecatombe. «Ese gato de Marcela esta complicando todo, y la mamá de Steffi es una máquina de romper las pelotas.»

«¿Perdónnnnnnn????», responde Marcela luego de la felina acusación. «Disculpame si te ofendí, me equivoqué de chat, perdón de corazón», fue la respuesta.

Imposible de reparar, y la historia quedo en el recuerdo de ese grupo de egresados, hoy ya universitarios. La mamá de Steffi fue quien me relató esto, se lo tomó con humor reconociendo su intensidad.

En estos casos también quiero recordar una máxima que los adultos no debemos olvidar: los hijos no nos oyen todo el tiempo, pero no dejan de mirarnos.

Y en estos casos educamos que las cosas se dicen por atrás, que no hay respeto por las diferencias, que el buen trato no forma parte de las normas de la casa.

Pensemos, solo pensemos, y después hagamos.

Herramientas para un uso saludable de los grupos de WhatsApp

Podemos hacer de los grupos de WhatsApp una herramienta más amable y habitable. En ese sentido, sugiero:

1. Poner neuronas en funcionamiento antes que lengua o dedos en movimiento.

2. Recordar siempre que lo que escribimos/decimos tiene consecuencias Siempre hay otro del otro lado del chat.

3. Las cosas que tienen importancia e implicancia en los vínculos reservémoslas para el diálogo presencial o al menos en llamada telefónica.

4. Miremos dos veces antes de escribir, chat equivocado es un error frecuente que trae consecuencias.

5. Rechequear las inferencias sin manejarnos por el impulso de sentirnos rechazados, o malqueridos, o destratados.

6. No nos olvidemos que somos seres humanos tratando de comunicarnos.

7. Utilicemos los emojis para poner calidez a los mensajes que puedan sonar duros ya que la intencionalidad en los chats es subjetiva (igualmente lo importante -digo una vez más- guardémoslo para el cara a cara).

Bienvenida la tecnología, bienvenidos los creativos de WhatsApp que crearon las reacciones para los mensajes ahorrando así tiempo valioso que no regresa de escribir y contestar mensajes innecesarios.

Seamos conscientes y ecológicos con el uso de las aplicaciones, y sumemos también para un mundo en donde lo importante se siga gestionando en la medida de lo posible con monitores apagados y miradas encendidas.

*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Autor de No huyo, solo vuelo: El arte de soltar a los hijos, Generación Ni-Ni, Es no porque yo lo digo y Herramientas para padres.​ Dirige, coordina y supervisa la @redasistencialpsi.

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